Historia de los títeres: sus inicios

En lo que concierne al arte y al teatro de los títeres están todos los autores, en general, de acuerdo en situar sus inicios en Egipto, de donde pasó a Grecia, particularmente en el arte del mimo que practicaban los antiguos helenos.
Los mimos no se presentaban únicamente en el escenario, sino que se los encontraba también en las plazas de mercado y en las calles, donde asombraban al público con sus farsas y sus acrobacias.
Y son ciertamente ellos quienes, por primera vez, utilizaron los muñecos para acompañarles en sus exhibiciones, aunque más tarde ellos mismos –los muñecos- fueran espectáculo completo.
De la antigüedad del teatro de muñecos animados, articulados, tenemos constancia no sólo documental –a través de las obras de los escritores de cada época-, sino también palpable, pues han llegado hasta nosotros muñecos de los que se utilizaban en la más remota antigüedad para los espectáculos públicos y privados. En casi todos los museos del mundo hay muñecos de esta clase, y en muchas colecciones particulares también.
Por un feliz hallazgo localizado a principios del siglo XX (1904) en Antinoé, por el arqueólogo francés Gayet, se puede demostrar que los muñecos articulados ya actuaban en el Egipto de las dinastías faraónicas.
En la tumba de la sacerdotisa de Osiris, la bailarina Jelmis (“su preciosa bailarina”, según se lee en el sepulcro), junto a la momia se halló un bello barquito de madera tripulado por figuritas de marfil. Y una de esas figuritas estaba articulada, pudiéndose poner en movimiento mediante hilos. Es decir, una marioneta. Este barco en miniatura, probable reproducción del que la bailarina poseía para sus excursiones por el Nilo, tenía en el centro una especie de casa, cuyas puertas, también de marfil, dejaban ver al abrirse un tinglado de marionetas, con cinco figuras, siendo la del centro, la diosa Isis, articulada.
Por otra parte, en la colección egipcia del Museo del Louvre se conserva una muñeca egipcia, en cuya cabeza se halla un gancho destinado a recibir el hilo que la sujetaría.