Archivo del mes de enero de 2007

Fotos de marionetas: Vente conmigo al circo

Miércoles 31 de enero de 2007

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Tal vez no lo sepas, pero Marimba es también Trastero Títeres

Traemos aquí el espectáculo Vente conmigo al circo porque hoy hemos añadido nuevas fotos de dicha obra a nuestra cuenta de Flickr

Un cuento chino

Lunes 29 de enero de 2007

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El cuento habla de la Emperatriz lady Dugu, que nacida en la familia de un general no mostró interés en la costura cuando era niña, sino que era una lectora voraz de historias. Debido a su disposición franca y a su habilidad práctica, el Emperador no sólo la amaba y la respetaba, sino que también le temía un poco.

En ese tiempo, se abrían ferias en la frontera, en las cuales los turcos del norte comerciaban con la gente de Sui. En una ocasión, un mercader turco llevó un cofre de perlas que vendía al precio de ocho millones de monedas. Cuando un oficial ofreció comprar las perlas para la Emperatriz, ella se negó.

-Las perlas no son lo que necesita nuestro país -dijo ella-. Si yo tuviera el dinero, preferiría entregarlo a todos aquellos que ha prestado un servicio meritorio a los demás.

El incidente hizo que se ganara la admiración del Emperador y el respeto de todos los habitantes de la ciudad.

La Princesa Valiente y su amigo Vicente

Sábado 27 de enero de 2007

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Ya tenemos nueva obra. Su título: La Princesa Valiente y su amigo Vicente

Para la creación de esta obra partimos del cuento clásico Juan sin Miedo, pero cambiando los roles chico/chica (chico protagonista que resuelve el conflicto y chica que adorna el lugar).

De esta manera es la chica, la princesa Luciente, la que asume mayor protagonismo y forma equipo con su amigo Vicente, el chico, que ya no es el único héroe…

V Campaña de Narración Oral de Castellón

Miércoles 24 de enero de 2007

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Estos días estaremos en Castellón, participando en la V Campanya de Narració Oral de Castelló, con nuestro espectáculo de teatro de marionetas: El niño que quería ser Harry Potter.

Hoy 24 estaremos en la Biblioteca de Onda, mañana 25 en la Biblioteca de Almenara y el 26 en la Biblioteca de Burriana.

Si estás interesado en conocer toda la programación de esta V Campaña puedes acceder a ella a través de este enlace: mondanimacio.com

El patito feo

Martes 23 de enero de 2007

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Como ya hicimos hace unos días con el cuento de los tres cerditos hoy traemos a este blog el cuento original de Hans Christian Andersen, que sirvió como base para la adaptación de nuestra propia obra de El patito feo

“Los seis polluelos de mamá pata nacieron en verano, cuando los prados eran más verdes y el trigo más amarillo. Las cinco primeras crías rompieron sus huevos puntualmente y saltaron alborozados, dispuesto a conocer el mundo. El sexto polluelo se resistió un poco más a salir; era el huevo más grande y mamá pata empezaba a impacientarse.
-¡Vamos, vamos! -decía-. ¡No voy a pasar todo el verano empollándote!

La cáscara cedió al fin, dando paso a un patito de grandes dimensiones, que tenía un pelaje gris sucio y era terriblemente feo.
-¡Qué cosa más espantosa! -no pudo reprimir el enfado mamá al ver a su sexto hijo-. ¿Me habrán gastado una broma, cambiando uno de mis huevos por un huevo de pava?

Pero los polluelos querían ver el estanque y mamá pata se olvidó por el momento de su patito feo. Tras nadar un buen rato, la pata decidió presentar oficialmente sus hijos al resto del corral.
-¡Arreglaos las plumas del cuello y caminad derechos, sin doblar las patas! -les ordenó, mientras se dirigían al corral-. ¡Y tú -le habló al patito feo-, quédate atrás, escondido entre tus hermanos! ¡Será mejor que no te vean demasiado!

El patito sufría por esas diferencias que mostraba su madre entre él y el resto de los polluelos, pero sus penalidades no habían hecho sino comenzar. La señora gallina reparó enseguida en su fealdad y sus cloqueos de burla resonaron por todo el corral.
-¡Menudas patas tienes, adefesio! -le picoteaba la cabeza con desdén-. ¡Tienes el pelo más tieso que un puercoespín!

Todos rieron por la ocurrencia de la gallina. El pavo levantó mucho el cuello, asustando al patito con sus “glo-glo”; las otras aves le perseguían y la muchacha que traía de comer a los animales le apartaba con el pie. Esa misma tarde, mamá pata empezó a separar al patito de sus hermanos, temiendo que su fealdad fuese contagiosa.
¿Qué camino le quedaba al patito feo, sino el de marchar de casa, en busca de algún lugar donde nadie pudiera verle? Con el corazón encogido por la tristeza, aprovechó un descuido de su madre y huyó de casa.

Caminó y caminó durante dos meses seguidos, escondiéndose de todo el mundo. Una mañana, llegó cerca de un pantano lleno de junco, donde encontró a un par de gansos salvajes.
-¡Eres tan feo que nos caes bien! -le dijeron-. ¿Quieres venir con nosotros a recorrer estos pantanos?
Pero no bien hubieron acabado de hablar, cuando sonaron unos terribles impactos y los gansos huyeron a la carrera.
-¡Son los cazadores! ¡Estamos en peligro!
El pobre patito no sabía qué significaba la palabra cazador y se quedó muy acurrucado entre los juncos. Poco después llegaba un enorme perrazo, con la lengua colgando y los ojos brillantes. Acercó su hocico al patito, le olisqueó y sin tocarlo, se marchó de nuevo.
-¡Si seré feo -se dijo el patito-, que ni siquiera ese monstruo me ha querido comer!

Y mucho más abatido que antes, siguió su camino. Al atardecer vio una modesta casita en el valle. De su chimenea brotaba un humo que olía a rico cocido. El patito sintió el aguijón del hambre y decidió probar fortuna, para ver si conseguía siquiera un mendrugo de pan.
La casa estaba habitada por una viejecita que convivía con una gallina presuntuosa y un gato lleno de pulgas.
-¡Oh, es un patito -dijo la vieja, al verle-. ¡Pero qué raro es! Bueno, le daremos un poco de gachas. Tiene aspecto de no haber comido mucho últimamente…

El patito devoró las gachas en un santiamén, pero la gallina y el gato ya le miraban con malos ojos. No tardaron mucho en mostrarle su enemistad.
-¡Ya te estás largando de aquí, esperpento! -le gritó el gato-. No sabes ronronear como yo, ni poner huevos como la gallina, o sea que tu puesto no está en esta casa.
Ante aquella advertencia, el patito optó por marchar. En el exterior, el otoño empezaba a anunciarse y las noches refrescaban. Las flores se volvían amarillas y las nubes anunciaban el futuro invierno.

El patito se detuvo un instante porque había visto algo que le llamó la atención: una bandada de hermosos y grandes pájaros, de un plumaje blanco y resplandeciente y largos y flexibles cuellos, alzaron el vuelo, volando hacia los países cálidos en su viaje migratorio anual.
El patito sintió algo muy extraño en su corazón. No podía explicarlo, pero notaba como si toda su vida hubiese conocido a esas maravillosas aves. Elevó su cuello para llamarlas y el grito que surgió de su garganta fue tan agudo que incluso él mismo se asustó. No sabía cómo se llamaban esos pájaros, ni hacia dónde iban, pero de buena gana les hubiese seguido, si sus alas no fuesen todavía tan torpes.

Llegó el invierno y el patito tuvo que afrontar muchos más problemas que los que hasta ahora había tenido. Solo, sin atreverse a pedir ayuda a nadie, merodeaba por las aguas de un estanque apartado, hasta que el frío convirtió el agua en hielo. Aterido y hambriento, el patito casi fue presa de un tosco labrador que había salido a cazar, sin fortuna alguna.
Cuando el labrador estaba a punto de rodear el cuello del patito con sus manos, éste se impulsó sorprendentemente gracias a sus patas y aleteó con vigor, escapando del peligro. ¡Ni el mismo patito imaginaba que tuviese tanta fuerza!

Las restantes privaciones sufridas por nuestro pobre personaje durante los meses invernales fueron demasiado duras para ser recordadas en estas páginas. Pero el patito resistió y casi sin darse cuenta, una mañana ya era primavera. Los manzanos estaban en flor y las lilas exhalaban su aroma, pendiendo de las largas y verdes ramas que se vencían sobre los canales.
El patito sonrió al nuevo sol y casi al mismo tiempo sus ojos coincidieron con dos de aquellos majestuosos pájaros blancos que ya viera meses atrás, cuando alzaron el vuelo y desaparecieron hacia el horizonte.

-¡Qué hermosos son! -se dijo el patito-. ¿Cómo es posible que en el mundo puedan existir animales tan bellos como éstos y otros tan horrendos como yo…?
Y se acercó a las aves. Éstas le vieron y alzaron sus alas, como si quisieran hacerle frente.
-¡Podéis picotearme, si queréis! -dijo el patito-. ¡Llevo tanto tiempo solo que, aunque sea para morir, agradeceré que alguien se digne hacerme compañía!

Pero las aves blancas no querían hacerle ningún daño. Al contrario, le acariciaban con el pico y unían sus cuellos al suyo.
-¿Por qué vamos a picotearte, hermano? -preguntó una de ellas.

-¿Yo, hermano vuestro? -respondió el patito-. Os ruego que no os burléis de mí. Soy sólo un torpe pájaro gris, feo y repugnante…
-¿Cómo puedes decir eso? -se extrañaron las aves-. ¿Seguro que te has visto? ¡Mira, observa tú mismo! ¡Ese es tu reflejo…!
El patito miró su figura reflejada en las aguas y no pudo creer en lo que veían sus ojos. ¡Ya no era feo! ¡Ya no tenía ese plumaje sucio y encrespado! ¡Era grande, majestuoso, blanco! ¡Y su cuello era larguísimo, armonioso, ondulante! Como las aves que él admiraba.
-Pe… pero… -el patito no entendía nada.
Entonces sonaron gritos de contento en la orilla del lago. Un grupo de niños señalaban al patito y a las otras aves.
-¡Mirad, mirad! ¡Hay uno nuevo! -dijo un niño.
-¡Sí, es un nuevo cisne! ¡El más hermoso de todos! ¡Fijaos cómo le rodean y respetan los otros!

El patito comprendió. ¡Él era un cisne! Había tenido que sufrir muchos meses de aislamiento, de burlas y de amargura, pero casi había valido la pena.
-¡Un cisne! -repitió.
Y como seguía siendo muy modesto, escondió la cabeza entre las alas, sin sentir orgullo por su nueva condición. Los niños les lanzaron migajas de pan y sus compañeros querían llevarle con ellos, para que conociese al resto de la bandada.

-¿Y podré volar con vosotros, cuando emigréis en otoño? -preguntó el nuevo cisne.
-¡Por supuesto! -respondieron los cisnes a coro-. ¡Eres uno de los nuestros!
Y en ese instante, el cisne no se acordó de los malo tratos que recibió de los animales del corral, ni del desprecio de su madre, ni de la hostilidad del gato y la gallina. Si había sido un animal generoso y de buen corazón cuando se creía un patito feo, ahora que se distinguía entre los animales más bellos de la tierra, tampoco cambiaría su forma de ser.

Siguió al resto de los cisnes, deslizándose graciosamente sobre el agua del estanque”.