Breve historia de los tĂteres

Foto: jamelah
Titelles: teatro popular. Este libro de Francisco Porras es un gran olvidado sobre todos aquellos que versan sobre los tĂteres. Por supuesto, hoy dĂa todas las ediciones estĂĄn completamente agotadas. Y me fue regalado por su autor en uno de mis primeros viajes a Madrid, mucho antes de que esta ciudad se convirtiera en mi lugar de trabajo y de vida.
En la pĂĄgina 24, Paco Porras inicia un breve recorrido histĂłrico acerca de los tĂteres:
“Ignoramos quiĂ©n fue el primer manipulador de marionetas, pero podemos imaginar que algĂșn dĂa cualquier niño conversando con su muñeco dio la idea a algĂșn observador atento, de desarrollar ese juego de forma dramĂĄtica; asĂ tuvo que nacer este teatro: algĂșn dĂa, hace muchos milenios… en cualquier parte… en cualquier civilizaciĂłn… como la idea de cualquier artista ignorado.
Lo Ășnico cierto es que la marioneta existe desde hace milenios, y que no fue en sus inicios un pasatiempo infantil. En los primeros tiempos nuestros antepasados colocaban los muñecos en las tumbas. Se trataba de figuras sagradas, esculpidas a imagen del difunto, de la misma forma que creĂan ellos eran el hombre un muñeco esculpido a la imagen de Dios. MĂĄs tarde vendrĂan las muñecas que simbolizaban la venganza, la fertilidad, la magia, los ritos del sacrificio. En ellas el hombre ensayaba encerrar los espĂritus y los poderes secretos de la naturaleza. AsĂ, el arte del muñeco no sĂłlo fue una de las primeras manifestaciones artĂsticas en la humanidad, sino la primera de todas.
En lo que concierne al arte y al teatro de los muñecos estån todos los autores generalmente de acuerdo en situar sus inicios en Egipto, de donde pasó a Grecia, particularmente en el arte del mimo que practicaban los antiguos helenos.
Los mimos no se presentaban Ășnicamente en el escenario, sino que se los encontraba tambiĂ©n en las plazas del mercado y en las calles, donde asombraban al pĂșblico con sus farsas y sus acrobacias. Y son ciertamente ellos quienes, por primera vez, utilizaron los muñecos para acompañarles en sus exhibiciones, aunque mĂĄs tarde ellos mismos -los muñecos- fueran espectĂĄculo completo. Los romanos se apasionaron seguidamente con los muñecos. Gracias a ellos el arte del teatro de muñecos ha llegado hasta nosotros.
Entre los romanos el teatro de muñecos -como el resto de las expresiones teatrales- no estuvo excesivamente considerado. Sus actuaciones fueron pronto asimiladas a los juegos de circo, consentidos y estimulados para el populacho por cĂĄlculo polĂtico. Las marionetas no podĂan faltar en la Roma imperial, como no han faltado en ninguna Ă©poca en ninguna ciudad. Los romanos, sin embargo, en su gravedad, en su orgullo de ciudadanos privilegiados, en su conciencia de dominadores del mundo, tenĂan prohibido dedicarse a estar artes menores que desprestigiaban al hombre: las de distraer a los otros hombres. Y asĂ los actores -y entre ellos los marionetistas, claro- no podĂan ser ciudadanos romanos. Se podĂa ser mago, charlatĂĄn, actor o marionetista (en este orden) sĂłlo en dos casos: o siendo extranjero o siendo esclavo”.
Puedes encontrar una pequeña reseña de este libro en Titerenet