Cuentos zen

Foto: tv
El otro d铆a, despu茅s de una de nuestras representaciones de teatro de marionetas, se me acerc贸 un amigo al que hac铆a mucho tiempo que no ve铆a. Como la obra que hab铆amos representado trataba sobre las leyendas y los cuentos africanos nuestra conversaci贸n gir贸 en torno a los cuentos de diferentes lugares del mundo.
Cuando comenzamos a hablar de los cuentos japoneses, mi amigo me refiri贸 un comentario habitual sobre los cuentos nipones:
-Son demasiado violentos.
-No -le respond铆-debes tener en cuenta que la mayor铆a de ellos nacen en una sociedad de corte medieval. Su fondo puede parecer violento, pero muchos de ellos tratan precisamente de lo contrario: educar para la paz, pero desde una cultura medieval.
Qued茅 con mi amigo en que la pasar铆a un ejemplo de lo que afirmo por medio de un correo electr贸nico y ya que lo he tecleado, lo incluyo tambi茅n en este blog, para reflexi贸n m铆a, de mi amigo y de otros amigos que pasen por este lugar.
Se titula: Bokuden y sus tres hijos.
Bokuden, gran Maestro de sable, recibi贸 un d铆a la visita de un colega, experto tambi茅n en dicho arte.
Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que hab铆an alcanzado siguiendo sus ense帽anzas, Bokuden prepar贸 una peque帽a estratagema: coloc贸 un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitaci贸n.
Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llam贸 a su hijo mayor. Cuando 茅ste se encontr贸 delante de la puerta, se detuvo en seco. Despu茅s de haberla entreabierto cogi贸 el jarro antes de entrar. Entr贸 cerr贸 detr谩s de 茅l, volvi贸 a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y salud贸 a los Maestros.
- Este es mi hijo mayor – dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro.
A continuaci贸n llam贸 a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenz贸 a entrar. Esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cr谩neo, consigui贸 atraparlo al vuelo.
- Este es mi segundo hijo – explic贸 al invitado -, a煤n le queda un largo camino que recorrer.
El tercero entr贸 precipitadamente y el jarro le cay贸 pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvain贸 su sable y lo parti贸 en dos.
- Y este – respondi贸 el Maestro – es mi hijo menor. Es la verg眉enza de la familia, pero a煤n es joven y tiene mucho que aprender.