Breve historia de los tÃteres
Lunes 1 de Enero de 2007
Foto: jamelah
Titelles: teatro popular. Este libro de Francisco Porras es un gran olvidado sobre todos aquellos que versan sobre los tÃteres. Por supuesto, hoy dÃa todas las ediciones están completamente agotadas. Y me fue regalado por su autor en uno de mis primeros viajes a Madrid, mucho antes de que esta ciudad se convirtiera en mi lugar de trabajo y de vida.
En la página 24, Paco Porras inicia un breve recorrido histórico acerca de los tÃteres:
“Ignoramos quién fue el primer manipulador de marionetas, pero podemos imaginar que algún dÃa cualquier niño conversando con su muñeco dio la idea a algún observador atento, de desarrollar ese juego de forma dramática; asà tuvo que nacer este teatro: algún dÃa, hace muchos milenios… en cualquier parte… en cualquier civilización… como la idea de cualquier artista ignorado.
Lo único cierto es que la marioneta existe desde hace milenios, y que no fue en sus inicios un pasatiempo infantil. En los primeros tiempos nuestros antepasados colocaban los muñecos en las tumbas. Se trataba de figuras sagradas, esculpidas a imagen del difunto, de la misma forma que creÃan ellos eran el hombre un muñeco esculpido a la imagen de Dios. Más tarde vendrÃan las muñecas que simbolizaban la venganza, la fertilidad, la magia, los ritos del sacrificio. En ellas el hombre ensayaba encerrar los espÃritus y los poderes secretos de la naturaleza. AsÃ, el arte del muñeco no sólo fue una de las primeras manifestaciones artÃsticas en la humanidad, sino la primera de todas.
En lo que concierne al arte y al teatro de los muñecos están todos los autores generalmente de acuerdo en situar sus inicios en Egipto, de donde pasó a Grecia, particularmente en el arte del mimo que practicaban los antiguos helenos.
Los mimos no se presentaban únicamente en el escenario, sino que se los encontraba también en las plazas del mercado y en las calles, donde asombraban al público con sus farsas y sus acrobacias. Y son ciertamente ellos quienes, por primera vez, utilizaron los muñecos para acompañarles en sus exhibiciones, aunque más tarde ellos mismos -los muñecos- fueran espectáculo completo. Los romanos se apasionaron seguidamente con los muñecos. Gracias a ellos el arte del teatro de muñecos ha llegado hasta nosotros.
Entre los romanos el teatro de muñecos -como el resto de las expresiones teatrales- no estuvo excesivamente considerado. Sus actuaciones fueron pronto asimiladas a los juegos de circo, consentidos y estimulados para el populacho por cálculo polÃtico. Las marionetas no podÃan faltar en la Roma imperial, como no han faltado en ninguna época en ninguna ciudad. Los romanos, sin embargo, en su gravedad, en su orgullo de ciudadanos privilegiados, en su conciencia de dominadores del mundo, tenÃan prohibido dedicarse a estar artes menores que desprestigiaban al hombre: las de distraer a los otros hombres. Y asà los actores -y entre ellos los marionetistas, claro- no podÃan ser ciudadanos romanos. Se podÃa ser mago, charlatán, actor o marionetista (en este orden) sólo en dos casos: o siendo extranjero o siendo esclavo”.
Puedes encontrar una pequeña reseña de este libro en Titerenet