
En nuestro proceso de búsqueda para la creación de nuestro nuevo espectáculo “Cuentos del Planeta Tierra”, hemos hallado un interesante artÃculo en e-Textos, de VirgÃnia Fons, Profesora titular del Departamento de AntropologÃa Cultural – Universidad Autónoma de Barcelona, titulado “El concepto de persona en Ãfrica Central”.
Las anotaciones que incluyo a continuación, son las que me han despertado interés dentro del proceso creativo para el espectáculo, y no trato con ellas de hacer un resumen del mencionado y sugestivo artÃculo.
“Sin bien los conceptos clave debatidos en este artÃculo pueden llegar a ser aplicables a otras realidades culturales de esta zona atlántica del Ãfrica central, trataré particularmente la de los ndowé de Guinea Ecuatorial.
La persona no se concibe como divisible o autónoma, como un ser radicalmente distinto de las cosas que lo envuelven. No está dotada de fronteras o de lÃmites. No está fuera del grupo. No es un miembro diferenciado, aunque puede tener una gran cantidad de fuerza (caso del jefe, del guerrero, del cazador excepcional o del brujo).
La persona existe y es lo que es por la acción de los ancestros, de sus parientes y sus “genitoresâ€, de los espÃritus y otras fuerzas que convergen.
Son sociedades que admiten la diferenciación pero no por ello la desigualdad social o que las individualidades despunten.
Lo que se intenta es que prevalezca el sistema de reciprocidad y si alguien tiene algún don especial, que éste sea beneficioso para el grupo.
Cuando ilìna y el cuerpo (nyolo) se separan definitivamente es la muerte, iwedi, y el edimo va a formar parte del mundo de los antepasados, malima mua mongo (espÃritus de los difuntos) o bedimo.
Se ancestraliza asà al difunto enterrado tiempo atrás y éste, con ese tÃtulo, puede ser solicitado por sus parientes vivos y acudir a ellos para ayudarlos a través de los sueños, por ejemplo.
Mientras el niño tenga la cabeza abierta, su ilìna ve todavÃa el otro mundo e incluso puede aún volver a él. Por esta razón se hace toda una serie de rituales para que tenga ganas de quedarse entre sus parientes vivos y no quiera volver al mundo de donde proviene.
La persona puede ser vigorizada a través de tratamientos que infunden energÃa. El evusu necesita comer para regenerar su fuerza y al ser reforzado queda calmado (expresión utilizada por los ndowé), es decir, se vuelve inactivo.
Tanto los brujos como los nganga tienen bevusu considerados potentes como para enfrentarse a un mundo peligroso. Ambos están investidos de la fuerza suficiente para ir y venir del mundo visible al invisible, pero tienen funciones latentes diferenciadas: los nganga hacen cosas extraordinarias a favor del orden establecido, los brujos no.
El ritual del ngoye, de curación, trata siempre de invocar a espÃritus a través del sonido de los tambores (ngomo en ndowé) y de los palos de bambú (mbsa), o de despertar a los espÃritus que están en el interior de la persona, para que hablen, se les pueda reconocer y que el nganga saque del cuerpo sólo los que la hacen enfermar.
Normalmente, las personas poseedoras de alguna de estas fuerzas (muendi, evusu, elemba, mosunga, monyongo y otras) la transmiten antes de morir. Es un don que es entregado en el lecho de muerte o, una vez convertido en antepasado, a través de un sueño”.